Por Honoria Zelaya de Nader - Para LA GACETA - Tucumán
- ¿Abu, qué libros pensás regalarnos el 2 de abril? -preguntó hace uno días el mayor de mis nietos.
- Ya lo tengo decidido, Juanito. Para el Día Internacional del Libro Infanto Juvenil les obsequiaré uno muy especial. El primero del género escrito por un tucumano.
El jovencito recibió una respuesta muy pobre. Faltaba decirle que el autor de la obra era Juan B. Terán, protagonista decisivo en la promoción de la cultura argentina del siglo XX. Una relevante figura intelectual. Un intérprete lúcido de su país. Un comprovinciano que durante la reforma de la Constitución Provincial de 1806 logró que se incluya en un texto constitucional argentino el mandato de la protección laboral de mujeres y niños 1. Debía contarle que quien lo había escrito era el fundador de la Universidad Nacional de Tucumán y, además, entre muchas otras cosas, que el Dr. Terán -Juanito, como le decían sus íntimos- era el autor de Voces Campesinas 2, libro que marca el punto de partida de la Historia de la Literatura Infantil Juvenil de Tucumán.
En el libro, Terán logra dialogar con los más jóvenes sin escamotear interrogantes éticos. No acalla planteos trascendentes. Mediante el relato apologético, ofrece respuestas, espeja lecciones de la naturaleza y las engarza con color local. La naturaleza es el gran libro para Terán. Desde ella ficciona temas caros a niños y adultos.
No se busque en esta obra reyes, ni magos, ni hadas. La magia que emerge de estos relatos es la que se desprende del magisterio del cosmos, reflejado en 25 historias con sabor a cuentos maravillosos cual sinfonía brindada por la naturaleza. Del relato La golondrina y el cerdo, emergen las notas de la incredulidad del necio; de El Zorro y el Loro, los arpegios de la identidad; de El sauce y el quebracho, las escalas de los riesgos del vértigo; de La araña y el tigre, la potencia de la reflexión. Voces Campesinas convoca al lector cómplice. Si el niño o el joven queda en lo anecdótico, vale. Si es motivado para avanzar hacia planos de significación más profunda, mejor. 3
A Terán le interesaban -¡vaya, si no!- los niños y los libros. También desde esta óptica fue pionero. Tanto más, si tenemos en cuenta que el creciente interés por el niño y la actual conceptualización de la especificidad de la infancia es el resultado de un largo proceso histórico que lo fue configurando. Habrían de pasar siglos para que al in fantis, es decir aquel que no tiene voz, se le reconocieran características propias. Terán, como el gran adelantado que fue, se anticipó en reconocerlas. Bien ha señalado: “El hombre paga a la sociedad en la misma moneda que recibió cuando niño” 4.
En suma, entre las múltiples monedas que Terán le brindó a la infancia ,está la de los sueños desde la palabra alada.
Y ahora… a envolver en papel de seda Voces Campesinas.
© LA GACETA
Honoria Zelaya de Nader - Doctora en Letras. Miembro de Número de la Academia Argentina de Literatura Infantil Juvenil
NOTAS
1) Obras Completas. Tomo VI. UNT, 1980
2) Acta de Sesión del 19 de abril de 1907.
3) La Torre en Guardia. Plus Ultra. Bs As. 1978.
4) Obras completas. Tomo VIII. UNT, 1980.